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Unas
palabras para la introducción
De
niño leía con fruición La Biblia en los sombríos ámbitos
de un colegio religioso. Más tarde mi mente se abrió
hacia conceptos novedosos y abarcativos, con la película
"Recuerdos del Futuro" de Erich Von Däniken.
A partir de allí, con mis jóvenes 15 años, ya nunca más
dejé de leer cuanto se hubiera escrito sobre culturas
arcaicas, Ovnis, apariciones de santos, cosmogonías y
mitologías varias. Aún conservo como joyas, algunos
cuantos ejemplares de la revista 2001.
La
bitácora de YV es un ensayo que, luego de años
de investigación, estoy escribiendo desde hace bastante
tiempo. En este sitio podrás leer, uno a uno los capítulos
que lo componen en forma de artículos. La materia de
los mismos podría denominarse: Revisionismo
Historico-Arqueológico-Religioso, o bien Antropología
Cósmica Disidente o bien Evolucionismo Genético-Espacial.
No obstante, considero todo rótulo como una pérdida de
tiempo y energía; como un encasillamiento malsano que más
que propender a la verdad, la enturbia burocráticamente.
Cuando
tuve reunidos sobre mi mesa de trabajo, todos los
antecedentes necesarios para este ensayo y comencé a
armar el rompecabezas más fascinante que mente alguna
hubiera podido concebir, sentí que tenía frente a mis
ojos el material necesario para una novela al mejor
estilo de Clarke, Asimov, Dick o Bradbury.
Pero
resulta que este material no es parte de una novela, es
un ensayo y no precisamente de ficción. Los documentos
que sirven de sustento para esta obra, son crónicas
históricas, cosmogonías religiosas, informes científicos.
No
se sorprendan si por momentos creen estar leyendo una
novela. Resulta que ese estilo literario con sus
infinitas lineas que se van desarrollando a veces
paralelamente, a veces entrecruzándose, me permite
entrelazar de forma más amena, el fárrago de
informaciones que debo entregarles.
Me
declaro autor de algunas modestas teorías que expondré
más adelante, y fiel seguidor de todos y cada uno de
los investigadores que me precedieron en la ardua tarea
de armar, con piezas sueltas, el enorme friso de la
historia de la civilización humana y las tres preguntas
en que podría resumirse toda la angustia existencial de
nuestra especie:
¿Quiénes
somos?
¿De
dónde venimos?
¿Para
qué estamos aquí?
No
importa, creo yo a esta altura, el declararse "dueño"
de tal o cual teoría, importa sí, de un modo decisivo
que todos los que buscamos la verdad hurgando entre
antigüas civilizaciones y viejos escritos , comparándolos
con los últimos desarrollos tecnológicos; hagamos un
frente común y pongamos cada uno la pieza del
descubrimiento que haya realizado sobre el tablero.
Muchos
de los puntos por mí sustentados despertarán en
algunos aceptación, en otros dudas y en otros
directamente un sentimiento de escándalo. Lo lamento
por estos últimos, pero no es apegándonos ciegamente a
dogmas anacrónicos, como descubriremos la verdad.
Tampoco
alumbrará la verdad en nuestras mentes diciendo "para
los mayas, el hombre descendía de los árboles"
al pie de éste grabado que forma parte de los Códices
Mayas.
No
es rotulando "dios que se hunde" la
estela de piedra que se ve a la derecha, tan solo porque
fue encontrada en esa posición, como se allanará el
camino hacia las certezas que necesitamos ya en el
tercer milenio y a punto de establecer contacto con
aquellas inteligencias superiores. ¿No parece más bien
alguien a horcajadas de una turbina?
Debemos
estar preparados para los tiempos que vienen, todo
indica que aquellos civilizadores regresarán, lo gritan
las crónicas de infinitas cosmogonías, lo han predicho
decenas de visionarios y lo afirma el Apocalípsis bíblico.
No
podemos seguir teniendo por verdaderas ciertas teorías
tan solo porque "cierran" y nos dejan
tranquilos, debemos saber la verdad cuanto antes, para
que al llegar el día del cruce de las dos culturas no
nos tiemblen las piernas de terror.
Espero
que mi enjundia no sea tomada como soberbia. Lejos estoy
de tener la Verdad, a pesar de venir buscándola hace
casi treinta años; simplemente me desespera ver la
mediocridad de tanta mente anquilosada, etiquetando
huesos y delineando teorías con más cuidado de no
ofender a la comunidad científica que de ser verosímil.
Por
suerte, en este último sentido, no soy un científico.
Soy apenas un investigador free-lance. No debo dar
cuenta por mis pensamientos ante ningún colegio de
pares que me quiten algún carnet, y si así lo fuera,
tampoco me importaría. Sería muy cómico verlos con mi
cabeza en la pica pero mirando hacia arriba... viendo el
descenso de las naves intergalácticas.
Ante
nuestros ancestrales civilizadores, ya somos adultos. Ya
tenemos en nuestras manos la capacidad de modificar la
vida en un laboratorio, ya podemos hacer clones e
intervenir en el "arbol de la vida" o como me
gusta llamarlo a mí, el código genético.
No
fue por comer una manzana que Dios castigó al hombre
por su soberbia. El árbol del que comió no fue solo el
del bien y del mal, fue también y por sobre todas las
cosas, el árbol de la ciencia.
El
demonio en forma de serpiente tentó al hombre con lo más
atrayente y lo más blasfemo al mismo tiempo: ser él
mismo un dios. Eso valió las penalidades impuestas para
nuestra especie y el atraso en el desarrollo de millones
de años. Ya deberíamos ser todos seres de luz, si no
fuese por ese "pecadillo" de nuestros
ancestros, pero otra vez hoy, estamos en ese punto. No
ya por robar el conocimiento de los civilizadores, sino
por haber desarrollado nuestra propia ciencia y por
haber llegado, luego de millones de experimentos, a adueñarnos
de las bases de la vida.
El
proyecto Genoma Humano ya finalizó y por primera
vez en la historia de la humanidad, contamos con los
"planos" completos de la vida. ¿Qué
construiremos? ¿Réplicas para utilizar como repuestos
biológicos? ¿La raza perfecta? ¿Ejércitos de colosos
insensibles? ¿Robots de carne y hueso?
Para
el Creador, nuestro abuelo Adan no estaba en condiciones
éticas ni morales para poseer el secreto del "árbol
de la vida", la pregunta es ¿lo estamos nosotros?
Estaría tentado a responder que no. Pero la verdadera
misión de estos artículos es despertar en el lector,
la curiosidad.
No
soy científico, pues entonces le pregunto a la ciencia
¿cuándo empezarán a tomar en serio el fenómeno Ovni?
¿Cuándo comenzarán a leer correctamente los mensajes
que desde la noche de los tiempos nos han dejado
aquellas culturas milenarias? ¿Cuándo empezarán a
llamar las cosas por su nombre, sin temor a ser
denostados por sus pares?
Estas
primeras palabras, más que una introducción a la serie
de artículos agrupados bajo el título de La bitácora
de YV, es un resúmen en el que quedan expuestas las
lineas de pensamiento básicas que motorizaron esta
investigación.
Para
finalizar, mi credo:
Creo
que la inteligencia del hombre procede de las estrellas.
Creo
que el desarrollo humano fue inducido y monitoreado por
tutores intergalácticos.
Creo
que el objetivo final de la inteligencia es la iluminación
del alma.
Creo
en el infinito amor de Dios, creador del hombre y de sus
tutores.
Creo
que el oscurantísmo militarista, oculta las evidencias
de contactos extraterrestes.
Creo,
finalmente, que todo ocultamiento será en vano, pues la
verdad brillará ante nuestros ojos en muy poco tiempo más...
Angel
Morace, enero 2002 ©
www.okulta.com
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presente artículo sólo podrá ser reproducido si se
cita la fuente tal cual consta al pie del mismo.
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